Madrid, 12 de septiembre
Querido diario:
Hoy he vuelto a los juzgados de Plaza de Castilla. Ese lugar convierte cualquier pena en un formulario. Los sonidos se encogen al cruzar la puerta: los zapatos amortiguan su roce contra el suelo de mármol, los papeles susurran en vez de agitarse, hasta la respiración parece pedir permiso. Me fijé en todo eso antes de reparar en las miradas, porque a veces el cuerpo estudia los muebles cuandoel corazón intenta no romperse en público.