Diez años creyéndolo muido, entregada a otro. Y ahí estaba, en la puerta, viéndome alimentar a hijos ajenos. Lo que respondió mi “difunto” esposo.
El ocaso sobre Valdelaguna se apagaba lentamente, como a regañadientes despidiéndose de la tierra. Nubes deshilachadas, teñidas de carmesí, se reflejaban en las oscuras aguas del río Manzanares, que parecía inundado no de agua, sino de sangre espesa y enfriada. En la vieja espadaña musgosa de la ermita de San Nicolás, en la loma, la … Read more