El capitán de bomberos corrió hacia el puerto abandonado y, siguiendo los insistentes ladridos del perro, descubrió a la familia atrapada bajo un muelle derrumbado, tiritando pero viva.
Querido diario: Esta madrugada el frío calaba los huesos en Santander, con ese viento del norte que te corta la cara mucho antes de que aclare. Las calles junto al puerto estaban más silenciosas que una iglesia, solo se oía el chapoteo lejano de las olas contra los muelles y el zumbido de una farola … Read more