Siguiendo al perro que no se separaba de la carta, el capitán y su equipo corrieron hasta el muelle abandonado, donde hallaron a los padres atrapados en un contenedor inundado y lograron liberarlos segundos antes del derrumbe.
Y en el Puerto de San Esteban, cada amanecer de invierno, aún se recuerda al perro que enseñó a todo un pueblo lo que significa amar sin rendirse.