Todos creen que abandoné la Marina, hasta que el general me miró y dijo: ‘Coronel… ¿estás ahí?’

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Mi familia siempre creyó que había abandonado la Armada. Permanecí en silencio durante la ceremonia de mi hermano en la Unidad de Operaciones Especiales. Entonces, su general me miró fijamente y dijo: “Coronela, usted está aquí.”

El público quedó paralizado. La mandíbula de mi padre casi toca el suelo.

Me llamo Lucía Mendoza, tengo 35 años, y estoy de pie al fondo de la ceremonia de mi hermano, vestida de civil, invisible para mi familia, que cree que fracasé en el ejército. La ironía es que soy coronela en las operaciones especiales del Ejército del Aire. Por razones de seguridad nacional, he mantenido mi carrera en secreto durante años. Mientras observo a los asistentes, noto al general al mando de mi hermano Jaime mirándome fijamente, con los ojos abiertos al reconocerme.

Antes de contaros lo que ocurrió después, decidme desde dónde estáis leyendo esto. Si alguna vez habéis tenido que ocultar vuestros logros ante quienes os infravaloraron, escribidlo en los comentarios.

Crecí en Cartagena como hija del capitán de navío retirado Antonio Mendoza, lo que significaba que la excelencia militar no solo se valoraba, sino que se esperaba. Nuestra casa estaba llena de recuerdos navales, y las cenas giraban en torno a estrategia marítima e historia militar. La voz potenteMi padre cubría la mesa con historias de sus misiones, su mirada llena de orgullo mientras mi hermano pequeño Jaime absorbía cada palabra, mientras que mi entusiasmo, aunque igual de genuino, nunca fue recibido de la misma manera.

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