A los sesenta y ocho, me echaron de casa con una maleta. Tres horas después, el banquero me miró y preguntó: “¿Sabía que es usted millonario?
Te sientas en esa oficina helada con tu vieja maleta junto al zapato, las manos oliendo todavía levemente a metal y aire invernal, mientras el director de sucursal observa la pantalla como si acabara de insultar su comprensión de la realidad. Su placa dice Tomás Ribera, pero en ese momento parece menos un banquero y … Read more