¿Lloras de hambre también?
La fría lluvia empapaba las calles esa tarde de noviembre, mientras Sebastián Rojas permanecía bajo una farola parpadeante, con el agua resbalando por su rostro, indistinguible de sus lágrimas. A sus cuarenta y tres años, Sebastián parecía haber alcanzado el éxito, pero aquel día el éxito no tenía forma, ni peso, ni consuelo. Era el … Read more