Tu esposa sigue con vida,” susurró la niña, y el mundo del millonario se desmoronó.
La lluvia caía suavemente sobre las lápidas de mármol del Cementerio de la Almudena, desdibujando los nombres grabados en la piedra. Los dolientes, vestidos de negro, mantenían sus paraguas inclinados como flores mustias. Al frente, Eduardo apretaba la mano de su hija Carlota mientras observaba la tumba que llevaba el nombre de su esposa: Isabel … Read more