—Estoy harto de sacarte de cada lío —la voz del padre era fría como el mármol—. ¿Hasta cuándo? Te has vuelto insoportable.
El hijo, tendido en el sillón, ni levantó la vista del móvil. Traje caro, reloj de oro, perfume de marca.
—Vamos, padre, no exageres. Soy tu hijo. Tú siempre has solucionado todo.
El hombre se acercó con paso lento, decidido.
—Exacto. Siempre yo. Pero se acabó. O cambias, o lo pierdes todo.
El joven esbozó una sonrisa burlona.
—Otra vez con tus amenazas…
—No —respondió el padre, sereno—. Es una condición. Te casarás con una chica corriente. Sin dinero, sin influencias. De pueblo. Nada de modelos ni niñas pijas. O dejarás de ser mi heredero.
La risa del hijo se congeló.
—¿Estás de coña?
—No. Y si crees que es cosa de unos días, te equivocas.
En una semana, el joven lo perdió todo. Tarjetas bloqueadas. El coche, requisado. Trajes, relojes, móvil… desaparecieron. Lo llevaron a un pueblo perdido y le presentaron a su prometida: una lechera. Sencilla, sin maquillaje, vestido humilde. El padre estaba seguro: su hijo huiría a los dos días, rogando por volver a su vida de lujo.
Pero tres meses después, cuando el hombre regresó, lo que vio lo dejó sin palabras. 😨
Pasaron noventa días.
El padre fue personalmente, esperando encontrarlo derrotado: sucio, amargado, destrozado.
En cambio, vio a su hijo en el corral, con las mangas remangadas y la ropa manchada, riendo. A su lado, su esposa, aquella “pueblerina fea” que tanto despreciaba.
Ella sostenía un cubo de pienso, y él ayudaba a dar de comer a los cerdos. Sin asco. Sin repulsión.
Al notar la presencia de su padre, el hijo no se ruborizó. No pidió dinero. No mencionó volver. Solo dijo:
—Padre, ella es mi mujer. Esperamos un hijo.
El hombre se quedó helado.
Aquello no era el niño mimado que odiaba el olor a establo y despreciaba el campo. Era un hombre. Sereno. Feliz.
—No quiero volver a mi antigua vida —susurró el joven—. Aquí, por primera vez, estoy vivo.
Y entonces el padre comprendió: quiso castigar a su hijo… pero, sin querer, le había dado la felicidad.